Paciencia y aprendizaje divertido.
- Iria Gálvez Trigo
- 7 feb 2020
- 2 Min. de lectura
Hoy he tenido el magnífico honor de poder estar durante la sesión de religión con un alumno que tiene Síndrome de Down. Lo cierto es que es un alumno inteligente, vacilón y rebelde en ocasiones, al que le gusta tomar el pelo, pero que al mismo tiempo muestra interés por aprender y es muy simpático. Mi tutor me pidió amablemente que me hiciese cargo de él mientras él daba la clase de religión en el gimnasio de los pequeños. Todos estábamos en el mismo aula, pero yo disponía de una caja con figuras acolchadas de cilindros, conos, prismas, pirámides, cubos y pelotas. Es por ello que decidí enseñarle el nombre de las figuras más raras para él: cilindro, prisma y pirámide. De modo que, jugando a seleccionar las figuras, y a que él me las pidiese acabó aprendiéndose el nombre de éstas. Cuando finalizó la clase y con ello el juego con este alumno, tocaba moverse para irse cada uno a su clase, y este alumno se tumbó donde estaba y se negaba a moverse. Su hermana, alumna de mi tutor, trató de convencerle de que se levantase, pero no hubo forma. Así que yo le ofrecí darle un cilindro y al enseñárselo se levantó y fue hacia él con gusto, yendo así a su clase. Esta situación me hizo reflexionar sobre la paciencia que hay que tener en muchas ocasiones para saber llevar ciertas situaciones. Entendí que siempre hay una forma de convencer por las buenas a los alumnos a que hagan lo que deben, solo se debe tener paciencia, constancia e ingenio.
Posteriormente tuvieron clase de música con un profesor que desde mi punto de vista es maravilloso. Corrige el comportamiento de los alumnos con severidad y tranquilidad al mismo tiempo, y haciéndoles ver porqué su comportamiento no es apropiado, ayudándoles a razonar y a cambiar así por motus propio. Cabe destacar además que las actividades que llevaron a cabo con el profesor eran divertidas, pero al mismo tiempo en ellas trabajaban la coordinación, la memoria, el ritmo y el trabajo en equipo. He podido comprobar en esa sesión como un grupo de alumnos se coordinaba mucho mejor que otro, y cómo el cambiar a un alumno de un grupo a otro podía hacer que el grupo mejorase su coordinación, o que un alumno concreto que llevaba a cabo la actividad de manera muy poco correcta la realizase tan bien como el resto del grupo al cambiarle de uno a otro.
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